
Nos hallamos ante una de las obras maestras del barroco italiano. Se trata de un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones.
El dibujo queda desleído al fundirse las formas de algunos personajes con el negro intenso del fondo.
Los colores adquieren un protagonismo especial. Toda la composición está compuesta a base de colores cálidos que magnifican la proximidad física de la escena y nos sumerge en la acción.
La luz, procedente de un único foco, se concentra, como es tan característico en el barroco, en la figura central. Entretanto, todo aquello que queda fuera del alcance de la luz directa se funde en la más profunda sombra que alcanza el negro puro. Ésta es la técnica, tan propia de Caravaggio, conocida como Tenebrismo.
Dado que toda la composición se centra en una escena próxima, no podemos apreciar la perspectiva aérea. Sin embargo, el brazo de San Pedro se acerca a nosotros en un ligero escorzo que también nos remite al Barroco.
La disposición espacial de los personajes en el lienzo presenta una disposición en forma de aspa. Dos marcadas diagonales se cruzan en un punto central ligeramente desplazado hacia la izquierda. Las composiciones que cuentan con diagonales transmiten una intensa sensación de dinamismo y ésta es una característica propia del Barroco.
El tema está concebido, como es característico del barroco, con un intenso dramatismo acentuado por la disposición de la luz y la tensión de la musculatura de los sayones y lo forzado de las posturas de todos los personajes.
Todo lo dicho nos lleva a asegurar que la presente obra es “La crucifixión de San Pedro” de Caravaggio y está encuadrada dentro del tenebrismo barroco de principio del siglo XVII.
El siglo XVII es un siglo de crisis para la iglesia que no acaba de superar
En países como España e Italia, los temas religiosos constituyen el grueso de los encargos y